Feng Shui y sentido común

Cada vez más libros y más páginas web presentan el Feng Shui como algo con capacidad de resolver todos nuestros problemas de la noche a la mañana, sin que nosotros tengamos que hacer nada más que poner algo (con toda probabilidad un elemento simbólico de la cultura china que en el caso de muchos sitios web dedicados al tema se puede comprar ahí mismo) en un sitio determinado de nuestro hogar. Y cada vez más gente cree que el Feng Shui consiste en eso, en arreglar milagrosamente los múltiples problemas que pueden surgir diariamente poniendo esto o aquello en tal sitio.
Esto hace que de entrada quede desvirtuado el principio básico del Feng Shui y que lo que exige cálculos complejos y tener en cuenta muchas variables se convierta en una mera superstición aplicada a la decoración del hogar.
Por otra parte, cada vez más gente me pregunta cosas como: “¿Qué puedo hacer para conseguir trabajo?” o “¿Qué puedo hacer para mejorar mi salud?”. Cuando les respondo que eso tendría que mirarse detenidamente antes de poder contestar me dicen invariablemente: “Dime algo rápido... algo que pueda hacer ya.” Y cuando me niego, mencionan ese libro o esa página web donde salen remedios muy concretos para los problemas que la mayoría de gente tiene en su vida cotidiana. En ese momento les digo que si quieren hacer eso que recomienda el libro o página web, lo hagan, bajo su responsabilidad, y que tengan en cuenta que el remedio puede ser peor que la enfermedad. Entonces me miran con aire incrédulo y me dicen: “Pero si ahí lo dice...” Llegadas las cosas a este punto, suelo optar por callarme, pero creo que aquí y ahora es el momento de decir todo eso que me callo en ese momento. Y todo eso que me callo tiene que ver sobre todo con el sentido común.

Veamos... el Feng Shui de las Ocho Mansiones establece que cada casa, dependiendo de su asiento, tiene cuatro sectores favorables y cuatro sectores desfavorables. Por otra parte cada uno de nosotros, dependiendo del año de nacimiento y del sexo, tiene cuatro orientaciones favorables y otras cuatro orientaciones desfavorables. En el mejor de los casos, coincidirán nuestras orientaciones favorables y desfavorables con las de nuestro hogar y además en los sectores favorables se ubicarán la entrada, los dormitorios, el estudio y el salón, y en los desfavorables habrá baños y trasteros... y además, la estructura de las habitaciones nos permitirá orientar todo el mobiliario en nuestras direcciones favorables.
Lamentablemente eso no sucede nunca. ¿Quién puede permitirse el lujo de dedicar el 50% de la casa a poner baños y trasteros? Hoy en día, nadie. ¿Cuántas casas hay con las habitaciones diseñadas de tal forma que permitan colocar la cama apoyada en más de una pared? Muy pocas, y la mayoría de las veces las dos paredes no coincidirán cada una con una orientación favorable para el grupo este y otra para el grupo oeste...
Así que, tomando solo como referencia el Feng Shui de las Ocho Mansiones, siempre habrá algún tipo de energía en conflicto que deberá armonizarse. Y esto deberá hacerse por una parte teniendo en cuenta las energías presentes en cada sector, tanto las que dependen del asiento de la casa como las del palacio en cuestión, y por otra parte teniendo en cuenta la interacción entre esas energías y las de cada persona que vive en la casa.

En el caso del Feng Shui de la Estrella Voladora, eso se complica mucho más aun. Los sectores favorables y desfavorables ya no dependen de un factor, como en el caso del Feng Shui de las Ocho Mansiones, sino de una combinación de factores. En cada sector se localizan 3 estrellas, una que tiene que ver con el periodo de construcción del local (estrella del Tiempo), y otras dos que tienen que ver con la orientación de la casa, (estrellas de la Montaña o asiento y de Agua o frente). Esas estrellas van cambiando su fuerza y su signo en cada periodo. En el periodo 8 en el que estamos ahora hay tres estrellas favorables (8, 1 y 6) dos relativamente favorables ya que dependen de las estrellas que las acompañen (9 y 4) y otras cuatro francamente desfavorables (5, 2, 3 y 7). Y esas estrellas no solo deben tenerse en cuenta en sí mismas, sino en combinación con las otras estrellas que se alojan en el mismo sector. Y también hay que tener en cuenta la energía del sector en el que se alojan, las energías de las estrellas visitantes (anuales y mensuales, principalmente) y las de los habitantes de la casa. El trabajo de armonización de energías puede ser mucho mas complejo, evidentemente.
Así, cuando doy los consejos mensuales, tengo en cuenta las energías de la estrella anual, de la mensual y del sector en el que se encuentran. Se da por supuesto que ya ha habido un trabajo previo de armonización de conflictos entre todas las estrellas presentes y con los habitantes de la casa, y por lo tanto esos consejos se refieren simplemente a las estrellas visitantes en cada momento. Así pues, esos consejos siempre serán parciales. Pueden ayudar y pueden mejorar las cosas, pero también pueden no hacerlo si hay otros conflictos no resueltos en ese sector.

Una vez aclarados estos puntos, el sentido común debería decirnos que el Feng Shui es un ejercicio de armonía, que su objetivo es armonizar las energías presentes en nuestro entorno con las nuestras. Y debería decirnos también que en todos los entornos hay energías favorables y desfavorables y que siempre habrá conflictos entre ellas. Y que las energías fluyen y cambian con el paso del tiempo y que, por lo tanto, tendremos que seguir trabajando para mantener esa armonía. Evidentemente, cuanta más armonía consigamos crear, más favorable resultará nuestro entorno y habrá más probabilidad de que las cosas fluyan de manera favorable para nosotros. Pero cuidado, lo mas favorable para nosotros puede no coincidir con lo que nosotros queremos.
Por otra parte deberíamos tener siempre presente que, dentro del “trigrama” que representa el fluir de las energías entre la tierra, el hombre y el cielo, el Feng Shui trata de las energías de la tierra, y que eso es solo una tercera parte del total.

En conclusión puedo decir que no creo en esa visión del Feng Shui como solución milagrosa y rápida a todos los problemas que podamos tener. Por una parte, esas soluciones milagrosas suelen basarse en una visión muy parcial del Feng Shui, ya sea la del “Feng Shui para occidente” o la del “Feng Shui de las 8 aspiraciones”. Recordemos que la única diferencia entre ambas es que una toma la puerta de entrada como base mientras que la otra toma las direcciones de la brújula. Son parciales desde el momento en que ninguna de las dos toma en cuenta la orientación de la casa, su entorno, las energías de los habitantes de la casa o el cambio energético en el transcurso del tiempo. Diré más: muchos de los remedios propuestos no tienen nada que ver con las relaciones energéticas entre los cinco elementos y se basan en el uso de objetos que tienen mucho mas que ver con la superstición que con la voluntad de crear un equilibrio entre las energías presentes en un sitio determinado, energías que, por otra parte, ni se conocen ni se tienen en cuenta.

Evidentemente, la práctica adecuada del Feng Shui puede ayudarnos a crear un entorno favorable en el que vivir mejor, pero eso requiere algo más que poner un objeto determinado en un sitio concreto. Requiere un estudio minucioso y exhaustivo de la vivienda y de su entorno, que servirá para identificar los posibles conflictos entre las energías presentes. Y primero habrá que intentar calmar esos conflictos y llegar a conseguir el máximo de armonía posible. Y solo entonces será cuando podamos plantearnos cómo activar determinadas energías para conseguir ciertos objetivos. Pero lo primero es lo primero. Empezar a practicar el Feng Shui para obtener prosperidad, salud o amor sin tener en cuenta otras cosas mucho más importantes es empezar a construir la casa por el tejado y eso, según el sentido común, nunca ha funcionado.

Francesca Verd - mayo 2006.

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